Viajar con propósito

Para el viajero principiante o que viaja con poca frecuencia puede ser excitante conocer algunos de los sitios «clásicos» como París o Machu Picchu, pero para la persona que ya ha chequeado varios de estos destinos, el acto de viajar se convierte en una carrera por conocer la mayor cantidad de lugares sin que importe mucho lo que ofrecen éstos. Después de haber ido a algunas ciudades de Europa o Asia, uno empieza a cansarse del circuito «ruina, templo, museo, restaurant, café» y los destinos comienzan a parecerse unos a otros.

Lo mismo pasa con el turismo de playa, de compras, de atracciones, deportivo etc. Después de conocer algunos de los más importantes, ya la única motivación que queda es conocer la mayor cantidad posible o repetir con el favorito una y otra vez.

¿Que tal sí hubiera otra forma? Yo pienso que sí la hay, y deriva de algunas experiencias fortuitas que he tenido en algunos de mis viajes por placer o negocios, que han hecho la experiencia más significativa.

Los viajes de negocios sí que tienen un propósito, que hace necesario el traslado al lugar donde se cumplirá con el trabajo; las empresas son muy cuidadosas por razones presupuestarias y no aprobarían traslados por razones frívolas, sino únicamente productivas. Pero, en principio, siendo el enfoque que buscamos uno que ayude a disfrutar al máximo de un viaje turístico, no podemos equiparar los viajes de trabajo con sus demandantes exigencias con un viaje turístico con propósito.

Un viaje turístico con propósito nos ayuda a crecer como personas, aportándonos conocimientos, experiencias y un nuevo ángulo desde el cual ver el mundo. Además de entretenernos e incluso, porqué no, servir de excusa para un post de Facebook o Instagram que aumente nuestro prestigio social, añaden nuevas posibilidades de crecimiento personal y pueden incluso servir de plataforma para mejorar nuestra carrera profesional o de emprendimiento. En lugar del sinfín de ruinas o templos cuyo nombre ya hemos olvidado cuando salimos rápidamente en pos de la siguiente atracción, estos viajes enriquecen nuestra comprensión del mundo. Entremos ya en materia.

En mi experiencia, estos son algunas de las razones que hacen más enriquecedor el viaje:

Saber o intentar aprender el idioma del sitio que visitaremos, al menos en un nivel básico.

El idioma es una barrera que afecta negativamente la experiencia turística. Ser capaces de saludar y comunicarnos en forma rudimentaria en el idioma del lugar aumenta exponencialmente el disfrute que se experimenta. Además, se abren posibilidades interesantes de todo tipo al poder entender el menú, las direcciones de los sitios, muchas instrucciones básicas, ¡y hasta se puede flirtear con gente local!

Relacionar el sitio que visitaremos con nuestro trabajo, hobby u obsesión personal

Cuando el lugar que visitamos nos interesa en forma personal, sacamos mayor partido de nuestra estadía allí. Aunque hayamos elegido el destino porque estaba de oferta, investigando un poco podemos averiguar que relación guarda con algunos de nuestros intereses. Puede ser que allí se practique una técnica culinaria que nos cautiva o que en algún momento de la historia nuestro equipo/personaje/película favorita tuvo o tiene una relación con ese lugar. En particular, recomiendo altamente averiguar que personajes nacieron o vivieron en los alrededores, qué sucesos interesantes -en el ámbito personal- ocurrieron o qué película/novela/canción fue creada allí.

Tener citas con gente local. Observe que digo «citas» y no el genérico «conocer gente local»

Llegar a un sitio y reunirse con gente local es invaluable y no tan difícil cómo parece a primera vista. Basta investigar un poco de antemano y pautar encuentros con un par de personas o grupos que hayamos contactado de antemano por correo o redes sociales. Nuevamente, nuestros intereses juegan una parte vital al arreglar estos encuentros, basta con buscar grupos, empresas o individuos afines, quienes estarán mas que encantados de compartir contigo ese interés común.

Involucrarse en alguna actividad local

Dependiendo del lugar elegido puede ser más o menos fácil lograr integrarse en alguna actividad que se esté desarrollando. Puede ser un voluntariado o alguna actividad comercial en una feria local. Nosotros mismo también podemos ser proactivos e inventarnos una actividad allí, en la mayoría de lugares se puede alquilar un lugar para realizar una reunión que esté relacionada con nuestros intereses.

Cuidar los niveles de energía

Esto, más que una razón es un tip para sacar el mejor partido del viaje. Muchas veces, en nuestro afán por sacar el mejor partido de los costosos tiquetes aéreos y los gastos de alojamiento, caemos en la tentación de ver la mayor cantidad de lugares y de realizar la mayor cantidad de actividades en el menor tiempo posible. Algunos incluso aprovechan y visitan varios países contiguos. Si bien esta puede ser una estrategia interesante, sólo la recomiendo para viajeros inexpertos muy jóvenes y en buena forma emocional y física. Para personas de mediana edad o familias con niños, medio día de actividades en uno o dos sitios contiguos puede ser más que suficiente. En los viajes, calidad es mejor que cantidad. Puede que haya menos material para realizar posteos llamativos en las redes sociales pero un cuerpo descansado saca mayor provecho de los múltiples estímulos que bombardean a la mente durante un viaje a un lugar poco conocido.

Aprender alguna habilidad práctica en el sitio que visitaremos

Para cerrar dejo la que me parece la razón más enriquecedora para realizar un viaje y una que combina muchas de las razones anteriores: Ir a estudiar. No tiene porqué ser una carrera universitaria completa, hay desde conferencias que se dictan en una mañana o tarde hasta cursos que se pueden completar en días, semanas o meses. Todo depende de nuestra disponibilidad de tiempo y dinero. Estudiar algo, sobre todo un tema que en el lugar de destino esté bastante desarrollado sea por técnica o nicho, es un plus tremendo para nuestros curriculums.

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